¡Vengan...!
- Paz Salsamendi
- 1 mar 2024
- 2 Min. de lectura

"Vengan..." En este tiempo previo a la Semana Santa, siento que Jesús paciente pero sostenidamente nos insiste para que vayamos hacia él. En realidad, nos recuerda que está ahí nomás, bien cerca a nuestro lado. Abajado hasta nuestra altura para que podamos verlo. Con sus brazos fuertes extendidos con infinito amor y ternura para recibirnos, a todos. No nos obliga ni empuja; sólo invita, en forma personalísima a cada uno, con exquisita delicadeza.
"Vengan hacia mí..." Él, que es Dios mismo, que es puro amor, se nos ofrece para darnos con holgura lo que todos anhelamos: felicidad, en cualquier circunstancia. Quiere darnos la felicidad plena, la alegría y la paz infinitas para las que fuimos creados, que sólo él puede dar. Gratuitamente. Enteramente. Amorosamente.
¿Y nosotros? Solemos andar la vida sin darnos cuenta de semejante regalo... Nos puede la vorágine de nuestras ocupaciones. O nos ciegan nuestras propias máscaras de creernos fuertes, invencibles, adecuados, mejores de lo que somos, O tomamos otros caminos. O nos contentamos con felicidades humanas, siempre parciales. O lo vemos, pero no lo queremos. O tenemos miedo.
Un día todo cambia: tenemos la valentía de parar, hacer silencio y mirar nuestro interior verdadero. Ahí, en casa, descubrimos la presencia del Dios que nos abre sus brazos desde siempre. Finalmente empiezan a romperse las corazas que nos habíamos construido y podemos sentirnos amados con su amor incondicional y eterno. (cf. papa Francisco 14 febrero 2024).
«Nos has hecho, Señor, para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti» San Agustín.
Quisiera responder a su "Vengan" con total confianza, sin embargo, tantas veces voy con pasos tímidos, dubitativos, débiles, torpes... Suerte que Dios, que sabe bien de nuestras flaquezas e incoherencias, es tenaz en su invitación y siempre mantiene su firme y tierna compañía. Podemos pedirle que insista, como en esta poesía de José M. Rodríguez Olaizola, sj:
Señor,
si acaso dudo,
si no aguanto despierto,
si te niego,
si me puede la prudencia
o el miedo,
insiste.
Si te entiendo a medias,
si amo mal,
si esquivo el camino del herido,
si me encierro en mí mismo,
insiste.
Si me subo al carro
del Barrabás de turno,
si me lavo las manos
y la conciencia
para no arriesgar,
insiste.
Insiste, Señor,
en sentarnos a tu mesa,
en partir tu pan y tu vida,
en sembrar palabra,
en pedir respuesta.
Llegará el día en que
aprenda a caminar mejor.
Tú, Señor, tenme paciencia.
Ojalá cada día tomemos un tiempo para parar, en el silencio de nuestro corazón reconozcamos su "Vengan" y demos nuestro sí a la inmensa locura de amor en la que desde siempre se nos invita a vivir.
🙏❤️🙏❤️